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Boticaria García: “Me da mucha rabia cuando vas al médico y te dice “no lo mires en Internet”

Marián García con su libro “El moco radiactivo” (JORGE PARÍS)

  • Marián García, farmacéutica, nutricionista y óptica, publica un manual de salud infantil ilustrado e irreverente titulado El moco radiactivo.

  • “Hay libros publicados con auténticas barbaridades, firmados por doctores y nutricionistas, sobre milagros contra el cáncer, dietas detox…”.

MELISA TUYA, 20MINUTOS. El humor no está reñido con el rigor. Una evidencia tangible es el último libro de Boticaria García, El moco radiactivo (La Esfera de los Libros, 2017), cuyo título ya es una declaración de intenciones. En este manual, ilustrado con frescura por Xarly Rodríguez (Lucreativo), sobre salud infantil se puede aprender cómo curar el cordón umbilical a un recién nacido, introducir la alimentación complementaria o curarle los chichones. Y está tan salpicado de anécdotas y comentarios irónicos que la sonrisa te toma por asalto a cada paso de página.

Tras Boticaria García, la que tal vez sea la farmacéutica más famosa de España y que ganó los Premios 20Blogs que organiza 20minutos en 2016, se encuentra la doctora en Farmacia, es graduada en Nutrición Humana y Dietética y en Óptica y Optometría Marián García García. Una conquense incansable que compagina su trabajo como farmacéutica con la docencia en la Universidad Isabel I y la divulgación desde distintos medios de comunicación y desde su blog, en el que desde hace un año también hay vídeos que educan con su particular impronta desmitificadora de las batas blancas.

El moco radiactivo tiene una selección de temas muy vinculada a las principales preocupaciones de los padres. ¿Le ayudó ser madre de dos niños para localizar de qué tratar?

No creo que seas mejor profesional por ser madre, pero sí que es cierto que tienes una sensibilidad y una experiencia que de otra manera no tendrías. El libro es un una caja de pandora de todo lo que he vivido. En la farmacia en la que trabajo las preguntas suelen coincidir bastante con las que recibo en el blog. La parte personal la he usado más para la anécdota, para contar en lo que yo me he equivocado y desdramatizar, dándole cercanía y alejándolo de la posición fría del consejo puro y duro.

Habla de los primeros días del bebé, de los cacharros que usamos con ellos, de la alimentación… ¿Qué es lo que más le costó?

La alimentación sin duda. El tema de la lactancia está meridianamente claro, pero hay que tratarlo con delicadeza. Por eso digo “sea pecho o biberón, respeta su decisión”, aunque eso también habría que matizarlo. Pero en alimentación complementaria ahora mismo hay distintas corrientes y las cosas han cambiado mucho. La nutrición es una rama muy reciente y que está en continua evolución. Hace unos años la OMS recomendaba 50 gramos diarios de azúcar y ahora es la mitad. Cuando nació mi hija hace cinco años la tabla que daba el pediatra no tiene nada que ver con lo que recomiendan hoy. Y ahora está el baby lead weaning, que no significa que haya que prohibir la cuchara, aunque hay veces que se interpreta así y eso genera mucha frustración en los padres. Todo va cambiando y por eso es importante dar esa información, pero sin asustar a la gente.

Veo la virulencia con la que se ataca a veces a los padres que utilizan uno u otro tipo de alimentación y me parece un disparate

¿Qué opinión le merecen de entrada esas nuevas tendencias de crianza?

Yo soy muy abierta hacia todo tipo de nuevas tendencias, pienso que pueden ser muy positivas, pero también que no podemos culpabilizar a los padres si hacen las cosas de una manera más tradicional, mientras las hagan bien. Todo esto es muy delicado de tratar sin herir la sensibilidad de nadie. Y la realidad es que no hay una evidencia clara de primer nivel, aunque hay estudios en marcha, que indique que sea mejor introducir la alimentación complementaria de una u otra manera. Estamos funcionando en base al sentido común, que creo que es lo fundamental. Cada uno tiene que hacer aquello con lo que se sienta cómodo. Pero es complicado. Veo la virulencia con la que se ataca a veces a los padres que utilizan uno u otro tipo de alimentación y me parece un disparate absoluto. Algo que debería ser tan bonito como alimentar a tu bebé, no puede ser fuente de estrés o de ansiedad.

Su libro, lleno de humor y con un lenguaje llano, también está lleno de referencias.

Es que la gente cada vez más demanda el rigor, demanda las fuentes. Yo incluyo en el libro muchas fuentes, referencias, estudios científicos que apoyan lo que digo, porque hay un sector que lo va a demandar, mientras que hay otro que eso le da igual y lo que quiere es entenderlo fácil. Es laborioso pero el resultado es beneficioso para el que lo lee.

¿Cómo fue trabajar junto a un ilustrador?

Me enamoré de la obra de Xarly Rodríguez por Instagram, no le conocía de nada. Me empeñé en que fuera él y en la editorial debieron pensar que era mi primo (risas). Primero engañé a la editorial, luego a él para que se sumara, y cuando estaban engañados los dos, pues nos divertimos todos. Conectamos muy bien desde el principio y ha tenido mucha paciencia conmigo porque he sido muy puntillosa en algunas cosas. Era difícil encontrar el tono. En un libro infantil uno se va al lacito, al tópico casi inevitable para ilustrarlo. Pero al ser un libro de salud, aunque haya humor, tampoco puede ser demasiado gamberro y que eso le reste credibilidad.

Es un libro del que cualquier padre puede aprender mucho pero, ¿para quién es especialmente interesante?

Yo estoy firmando muchos libros como regalo para padres primerizos. Es interesante leerlo antes de tener a los hijos. Sobre todo por las preguntas de los primeros días, como qué hacer con el cordón umbilical o cómo es el pantone de las cacas. Eso último es un drama para muchos padres, pero si lo has leído antes ya sabes que es normal que la caca vaya del amarillo hasta el verde y no te asustas. Cuanto ya tienes el niño a lo mejor no tienes tiempo para leer porque bastante tienes con cuidarlo, pero las últimas semanas del embarazo, que estás más tranquila, que te estás cuidando, puede ser un buen momento para leerlo.

Y también para los padres.

Por supuesto, igual para padres y madres. Los padres no dan el pecho pero pueden ser de gran apoyo. A lo mejor si hay una mastitis, saber que no pasa nada por usar antibióticos y seguir dando el pecho puede venir bien que lo sepan ambos. Y hablo de lactancia por hablar del tema que parece ser más exclusivo de la madre, porque todos los demás son por igual de los dos. Y para abuelos también.

Los abuelos tienen mitos de hace 30 o 40 años y es más difícil que le hagan caso a su hijo a que le hagan caso a un libro

Los abuelos son cuidadores en gran medida de los niños.

Lo son. Y tienen mitos de hace 30 o 40 años y es más difícil que un abuelo le haga caso a su hijo a que le haga caso a un libro. Aprovechemos esa pátina de autoridad.

Aunque no necesariamente lo que está publicado en papel sea riguroso y haya que seguirlo a pies juntillas.

Que algo esté en papel no significa nada a nivel de rigor. Ojalá fuera tan fácil para la gente: “esto está publicado en papel y me puedo fiar”. Hay libros publicados con auténticas barbaridades y firmados por doctores y nutricionistas sobre milagros contra el cáncer, dietas detox… El libro aporta una categoría, pero en general un libro publicado por una editorial generalista, solo es un libro que tiene una editorial detrás que ha decidido que puede ser rentable. Independientemente del rigor. En las editoriales no hay revisión por pares, no son libros científicos. Lo que yo he escrito me lo ha revisado mucha gente, pediatras, nutricionistas y farmacéuticos, pero porque he querido yo.

En su libro llama la atención que también explica cómo buscar información fiable en Internet.

Es el capítulo La pregunta del millón, justo al final. Hubo que recortar y quitar muchas cosas antes de publicarlo, pero ese capítulo me negué a tocarlo. Me da mucha rabia cuando vas al médico y te dice “no lo mires en Internet”. Los sanitarios no podemos decir “no lo mires en Internet”; no es un buen consejo porque el paciente va a mirar en Internet. Lo que hay que hacer es darle las pautas para mirar. Igual que damos cursos y talleres de educación sanitaria en múltiples aspectos, ¿por qué no los damos de cómo buscar fuentes de rigor?.

¿Qué tenemos que tener en cuenta cuando buscamos información sobre algo tan sensible como la salud de un niño?

Lo primero que hay que hacer es buscar el autor. En el quiénes somos, en Google, dónde sea, y ver si es un profesional sanitario con nombre y apellidos y el centro u hospital en el que trabaja. Si no lo pone no nos podemos fiar, no lo podemos contrastar. En segundo lugar que aparezcan las fuentes. No vale que yo escriba de algo y no ponga las fuentes enlazadas, porque la información no la genero de forma espontánea, la bebo de diferentes fuentes. Si he buscado fuentes y son rigurosas no me cuesta nada ponerlas insertadas en el texto o al final. Si no pongo las fuentes, es literatura. Es lo que alguien haya pensado que puede ser adecuado. En tercer lugar la veteranía. No quiere decir que un sitio por tener muchos años sea mejor, pero es verdad que hay páginas que son flor de un día, que se lanzan y no van a ninguna parte. Si un profesional sanitario lleva muchos años en la red dando consejos con periodicidad suele ser indicativo de que su contenido tiene interés. Todos los sanitarios tenemos una responsabilidad muy grande de actualizarnos Por último, casi lo más importante que tenemos que mirar, es el conflicto de intereses. Una página web con consejos vinculada a un laboratorio o a una empresa de alimentación no es válida aunque esté firmada por un doctor. ¿Es erróneo? Seguramente no, pero hay un sesgo. Y tenemos que buscar la independencia.

Pocos sitios en los que aterrizamos desde Google cumplirán todo eso.

Supone descartar el 90% quizás de las páginas que vemos. Yo sé que es difícil, porque hay cosas para las que no hay una evidencia muy clara, por eso habría que tener siempre un profesional sanitario de cabecera, en persona, al que poderle plantear nuestras dudas. Y si el personal de referencia que tenemos no nos convence, pues no hay que tener problema para cambiar. El otro día una madre me comentaba que tenía a su niño de cuatro meses estreñido y un pediatra le había recomendado darle zumo de naranja y el otro le dijo que ni se le ocurriera darle nada más que la leche materna. Obviamente uno de los pediatras estaba desactualizado (el primero), pero la madre estaba hecha un lío porque los dos son pediatras. Aquí creo que todos los sanitarios tenemos una responsabilidad muy grande de actualizarnos. Y hoy más que nunca porque los padres son los más informados de la historia.

Ya que saca el tema de la actualización: ¿Qué vigencia tiene su libro?

En lo esencial le doy un recorrido grande. En particularidades hay cosas que están cambiando constantemente. Por ejemplo, de repente hay una revisión que dice que el chupete puede proteger de la muerte súbita del lactante y luego se hace otro estudio que dice que el anterior no tiene metodología suficiente, que no se puede atribuir esa propiedad beneficiosa al chupete. Eso ha pasado, pero el chupete sigue sin ser malo así que no es tan relevante. Habrá más evidencias respecto a la alimentación complementaria y es algo que hay que asumir. Y yo soy optimista, siempre se pueden hacer reediciones y cambiar las particularidades que vayan saliendo. Pero en lo esencial no va a cambiar.

¿No le parece que hay demasiados libros de salud dedicados a la primera infancia comparados con cualquier otra etapa de la vida?

Es cierto, está desproporcionado totalmente. No sé si es que hay menos demanda. También es verdad que los niños parece que son más frágiles y están más indefensos. Sobre la adolescencia hay muchos libros de psicología, pero no de salud. Y están las vacunas del papiloma, problemas de alimentación, de desarrollo… mitos como si tienes que darle de comer mucho porque está con los estirones. Y las personas mayores me parece que están también muy olvidadas, que todo se da por hecho, pero hay muchas terceras edades distintas y tampoco se les da información.

¿Tiene ya algún otro libro en mente?

Escribir un libro es mucho desgaste, soy demasiado perfeccionista y me consume mucho tiempo y energía. Del primer libro (El paciente impaciente, La Esfera de los Libros, 2015) al segundo pasaron dos años. Me hace falta tiempo y tampoco tengo una idea clara. Hay sectores sobre los que puede estar bien escribir, pero no tengo un enfoque. De momento voy a disfrutar de este.

En 20 minutos – salud

Licencia CC BY SA

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